Desde que el hombre es hombre, incluso en su etapa equivalente a de los
actuales chimpancés, con los que compartimos mas del 99% del genoma, con lo que
no son tan distintos a nosotros como nos quieren hacer ver, quién gobierna al
grupo, familia o clan, es consustancial al simio que todos llevamos dentro,
incluso los jueces.
Desde que la Revolución Francesa, definió que “el poder emana del pueblo y
no de Dios”, una nueva guerra de castas se desata.
Si el poder emana del pueblo, ¿cómo ejerzo este poder?, y como esto no puede
ser en el ámbito individual y es inviable que a la vez todos podamos mandar,
¿como articulamos el ejercicio de este poder individual de forma colectiva?.
Mas de doscientos años nos separan de esta
antítesis entre lo colectivo y
lo individual y aun estamos en los balbuceos de la Historia, de cómo
ejercemos ese poder popular.
No hay formulas mágicas, ni todos
tienen una misma opinión, aunque de manera incipiente ya hace unos milenios y
en un marco histórico muy distinto al actual, ya los Griegos con su
democracia (gobierno «de la multitud» para Platón y «de los más», para
Aristóteles) pusieron parte de las bases que nos trae a esta actual
democracia,
del poder depositado
en
el “demos - pueblo”.
En el caso de los jueces, viniendo de setenta años de franquismo ideológico
en la carrera judicial, hasta hace bien poco, era coto privativo de las castas
adineradas de la sociedad y por ende menos progresivitas, dándose como en
muchas otras profesiones ligadas a ciertas clases sociales, una cierta
endogamia y corporativismo e incluso verdaderas sagas familiares ligadas a una
misma profesión, como farmacéuticos,
médicos, notarios, militares, etc.
Pues esta casta judicial, es junto
muchas otras, herencia directa del franquismo, y como las demás, nunca
fue depurada tras la llegada este nuevo Régimen Constitucional, impuesto por la
derecha, y “tragado” por la izquierda como mal menor, no sin la lucha de muchos
de nosotros y que pasados los años se dulcifica y se almibara y adorna como
si
esta fuese un regalo del buen Rey,
de un visionario Secretario
General del
Movimiento
y tras la rendición
ideológica
del partido Comunista a
cambio de su legalización y como muestra de democracia real, el cual como cooperante
involuntario del Franquismo, que consideraba comunista a cualquiera que se le
opusiera, con la aquiescencia a mayor engrandecimiento del PC y pareciendo que
fuese él, el único frente opositor
(
junto a lo masón o judío, estos dos últimos, uno ya a modo testimonial y de
coletilla insultante el otro), a cambio de su legalización y su creencia de ser
los que capitalizarían cuarenta años de propaganda franquista de que era la
única oposición, cosa que la realidad demostró ser tan falsa como la mentira franquista.
En España, no se nos olvide, no existió una ruptura con el régimen
franquista, tuvimos la TRANSICIÓN, una obligada “reconciliación nacional”,
donde los fascistas no búnkerianos, que ostentaban el poder político
mayoritario, cedían parte de éste en un harakiri virtual, a cambio de que
las estructuras de poder existentes, se reconvirtieran en parte, dejando
el poder político-legislativo a una democracia incipiente, inmadura y tan
miedosa de si misma bajo el miedo del sable que requirió de no pocas
luchas sociales y el continuo reivindicar social, pero eso sí, y
manteniendo y adaptando el resto con lo que no se toca la forma de estado
monárquico, ni el poder empresarial y se va reconvirtiendo muy lentamente el
judicial y el militar.
Volviendo al Poder Judicial, este se va reconvirtiendo a una seudo
democracia, pues junto a la Corona es el único que pretende evadirse del
control popular.
El poder de la justicia no emana del pueblo ni de Dios, pretenden trasladar
a ellos el poder del Viejo Régimen anterior a la Revolución Francesa, incluso
sobrepasando a este, pues pretenden que, como los antiguos emperadores romanos
que se creían dioses, el poder judicial emane directamente de ellos. Justicia
para el pueblo, pero sin el pueblo. ¡¡¡Elijámosnos, entre nosotros mismos, que
eso es independencia judicial!!! nos dicen algunos.
La independencia real, en una sociedad desigual, no existe. Tiene que
haber contrapesos que equilibren la balanza de quienes parten de posiciones
diversas y distintas. No es independiente la decisión de que compitan en
igualdad los desiguales, pues ya dice nuestro refranero aquello de que “en el
país de los ciegos, el tuerto es el rey”.
Si los jueces quieren competir entre ellos, que lo hagan, pero el elector
final siempre a de ser el mismo, el pueblo. Que es de quien emanan
todo el poder, incluso el judicial.
El intento de hacernos creer que eso es politizar la justicia o la vida
pública en general y que eso es malo. me suena a fascismo sociológico
casposo y mentiroso y rancio.
Si eso de politizar la Justicia, es malo, quiere decir que,
según ciertos jueces, ciertos políticos y como no la caverna mediática, y
tal como a mí me inculcaban en una asignatura que se llamaba Formación
del Espíritu Nazional, “ la democracia es partitocracia, y es
intrínsicamente mala”, que “las elites de los mejores que quieren nuestro
bien, son quienes nos tienen que gobernar”, o sea ellos mismos, ahora los
jueces y antes los del “Movimiento”.
Por si los mas jóvenes no lo saben, pues poco se hace por que conozcan
nuestra historia reciente, pues eso es reabrir viejas heridas y es
guerracivilismo, esto del Movimiento Nacional, era el partido del Régimen en
nuestra España fascista, la que inventó aquello de la “Democracia
Orgánica”, y que nos gobernó hasta bien entrada la transición, pues el régimen
fascista pervive después de la muerte del dictador en la figura de
Juan Carlos I que lo es“a titulo de Rey” y tal como decían las “Sagradas
Leyes Fundamentales del Régimen” que dos días después de la muerte de
Franco, y con los ojos llorosos, juró nuestro anterior Rey.
La Democracia es Política de la buena, es la que es capaz de con el mandato
del pueblo, enfrentarse a los poderes oligárquicos antiguos, que persisten en
nuestras entrañas y que quieren manejarla comprándola, y a los nuevos emanados
de la nueva Dictadura Mundial de los Mercados.
La política lo es todo. Es política si compro una lechuga asturiana o
peruana, si compro a los chinos o a los europeos, si veo cine o leo un libro o
escucho música. Todo es política “y no es malo, es distinto” y tememos la
obligación de controlarlo desde el pueblo para que no seamos notros los
controlados.
Los jueces que sepan que ejercen la justicia en nombre del pueblo y es a
este al que tienen que rendir cuentas. Como lo hagan es labor de los
legisladores, a quien el pueblo elige, para bien o para mal, y por eso lo de la
justicia politizada me suena a fascismo/corporativismo disfrazado (dos caras de
una misma moneda).